Entrevista publicada en El Economista el 14 de febrero de 2020.
¿Recientemente señaló que ve cierto progreso en la sociedad argentina? Explíqueme como llega a esa conclusión.

Por un lado, hay un claro progreso que es la consolidación de la democracia. Desde 1983, si bien no todos los presidentes cumplieron su periodo constitucional, las sucesiones siempre respetaron el Estado de Derecho. Ahora además hemos completado dos transiciones ordenadas consecutivas entre distintos espacios políticos. El kirchnerismo le entregó el poder a Cambiemos en 2015 y este espacio se lo transfirió nuevamente al kirchnerismo en 2019. Este es un gran avance. Más importante aún, esos dos espacios se mantienen competitivos y cualquiera de los dos puede acceder al gobierno. Esa competencia efectiva fortalece la democracia.

Sin embargo, algunos analistas creen que desde 1983 hubo un deterioro en el funcionamiento institucional. ¿Usted qué opina?

Ello ha sido cíclico. Los dos gobiernos de Cristina Kirchner fueron los que más se alejaron del ideal de la democracia liberal. Sin embargo, el Gobierno de Cambiemos fue ejemplar. Creo que en la medida que Juntos por el Cambio se mantenga unido y competitivo, más difícil le resultará al Gobierno actual apremiar las normas democráticas.

Y en materia económica, ¿qué progresos observa?

Veo que, no sin grandes dificultades, se ajustó un gran desequilibrio populista sin una crisis institucional y sin una crisis económica generalizada. Esto también es un avance importante. Una herencia similar a la que recibió el presidente Mauricio Macri fue la que tomó Celestino Rodrigo. El Rodrigazo, sin embargo, no resolvió esa herencia. Terminó, aunque debo decir que había otras causas políticas más importantes que las económicas, en el peor quiebre institucional de nuestra Historia. En materia económica, abrió las puertas al régimen de alta inflación en Argentina, que terminó, después de la crisis de la deuda, en una hiperinflación. Fue el Plan de Convertibilidad el que logró derrotar la inercia inflacionaria y nos devolvió a un régimen de baja inflación. A pesar de que la herencia que recibió Macri no era mejor que la que recibió Rodrigo, y en los aspectos monetarios era peor, aun nos mantenemos en un régimen de baja inflación.

Pero la inflación se aceleró a 53,8% en 2019…

Sí, ello fue resultado de la crisis cambiaria que hubo en 2018, la política monetaria posterior a la crisis cambiaria y la fuerte devaluación nominal luego de las PASO de agosto de 2019. Pero estos eventos no constituyen en sí mismos un regreso a un régimen de alta inflación. Entre 1975 y 1988, antes de la hiperinflación de 1989, con excepción de un año, la inflación siempre estuvo arriba de 100%.

¿En qué fallo la política monetaria luego de la crisis cambiaria?

A fines de agosto de 2018, desafortunadamente, después de un video impreciso que Macri subió a YouTube, el tipo de cambio se disparó de $32 a $42 en unas horas. Eso fue un overshooting. No sé necesitaba esa devaluación real. Pero, luego, la política monetaria tendió a convalidar ese salto nominal al ir subiendo las bandas cambiarias al 2% por mes.

Hubo también críticas a las bandas fijadas en el acuerdo. ¿Usted qué opina?

La idea de una banda cambiaria en ese contexto me pareció correcta. Era un compromiso razonable entre la necesidad de tener un ancla cambiaria dada la volatilidad nominal proveniente del escenario electoral y cierta flexibilidad ante eventuales shocks reales. Pero el ancho de la banda era muy amplio, y el BCRA no tenía instrumentos para reaccionar dentro de la banda si la volatilidad nominal se exacerbaba. El FMI y el BCRA no encontraron el justo medio al diseñar la política monetaria del acuerdo que realizaron en septiembre de 2018.

Volviendo a la cuestión de la crisis económica, ¿por qué afirma que el Gobierno de Macri no terminó en una crisis económica generalizada? No es la sensación que existe en el país…

No lo hizo. Veamos. Hay cuatro tipos de crisis, algunas de las cuales están relacionadas entre sí. Crisis cambiaria que, ya dijimos, ocurrió en 2018. Aunque hay que decir también que esa crisis se gestó con el cepo cambiario de 2012. En general, estas crisis impactan sobre la inflación, y ello ocurrió, pero no al punto de desatar una crisis inflacionaria. La inflación puede volver al 30% rápidamente. Nuestra historia está llena de episodios donde la inflación sube un año como resultado de una devaluación y baja al año siguiente fuertemente. 2016 y 2017 muestran este fenómeno claramente. Naturalmente, esto depende de la política monetaria. No ocurre automáticamente. Si las autoridades actuales no son prudentes, la inflación se puede incluso acelerar. La tercera es la crisis bancaria. No hubo ningún problema con los bancos y la política regulatoria del BCRA merece crédito. La cuarta es el default soberano, que tampoco ocurrió.

Sin embargo, el ex ministro de Economía, Hernán Lacunza, hizo un reperfilamiento de un vencimiento de bonos…

Se dio en el contexto de extrema incertidumbre, posterior a las PASO. Es un evento menor, que no califica como crisis de deuda. Por ejemplo, Miguel Kiguel, en su libro sobre las crisis económicas de Argentina, menciona dos crisis de deudas, la de 1982 y la de 2002. Excluye el Plan Bonex, que es un caso muchísimo más significativo que el perfilamiento de Lacunza.

Aun así, el ministro de Economía, Martín Guzmán, dice que la deuda es insostenible…

Lamento el discurso que ha adoptado el ministro recientemente. Su discurso inicial, en mi opinión, era el correcto. Y no, no es insostenible. Por supuesto, su sostenibilidad requiere que se continúe el ajuste fiscal que venía haciendo el Gobierno anterior. Se debe ir a un superávit primario de al menos 0,5% en 2020. Se supone que para ello se subió impuestos y se suspendió la fórmula de actualización previsional. Al momento de las PASO, el riesgo país era de 800 puntos. Apenas se conoció el resultado, subió a 2.000 puntos. Si hubiese ganado Macri el riesgo país hubiese bajado a 600 puntos, y con un programa creíble para alcanzar un superávit primario de al menos 1,5% del PIB durante su segundo mandato, hubiese bajado aún más.

En 2020, ¿se podía llegar a ese superávit sin cambiar la fórmula de ajuste previsional?

La respuesta depende de cuánto baje la tasa de inflación. Aún no conocemos cual es el programa antiinflacionario. Pero no le voy a esquivar la pregunta. Para bajar la inflación significativamente, es necesario algún ajuste transitorio en la determinación de la movilidad. El problema es la forma en que lo han hecho. Puede volver a desatar una ola de juicios. La fórmula, incluso una transitoria, debe ser determinada por el Congreso.

El Gobierno también plantea cambiar la fórmula que ustedes impulsaron en 2017. ¿Qué opina de ello?

La fórmula de 2017 está bien. Siempre es alguna combinación entre inflación y salarios. Dado el déficit estructural del sistema previsional, cuanto mayor sea el peso de la inflación en la fórmula, más contribuirá a la solución del problema.

Sé que a usted no le gusta la discusión de shock versus gradualismo, pero esta vez tal debate lo resucitó el expresidente Macri. ¿Qué opina de la declaración de él sobre que el optimismo de sus colaboradores cuando él decía que no se podía seguir tomando deuda?

No existía un ajuste de shock que cerrase el déficit que dejó el kirchnerismo. Ahora bien, dentro del gradualismo, se podría haber sido más duro de entrada. Esa era mi posición en 2016, cuando no sabía que participaría del Gobierno y no la he cambiado. Más aun, creo que 2016 no sólo no fue un año de ajuste fiscal duro, sino que fue un año donde se tomaron algunas medidas que no eran necesarias o prioritarias y comprometieron recursos fiscales futuros, haciendo más difícil la trayectoria al equilibrio fiscal.

¿Cuáles?

La baja en el impuesto a las ganancias personales. Fue significativa y no era necesaria. La Reparación Histórica, al menos sin hacerla en el marco de una reforma previsional. La suba de las asignaciones familiares para familias de altos ingresos. Esto, en mi opinión, muestra una falla en la priorización de las políticas durante el primer año de Gobierno. Pienso que hubiese sido mejor tener un ministro de Economía fuerte que coordine el programa económico. La herencia económica era muy delicada y no había espacio para traspiés.

Hay economistas que dicen que en 2017 tampoco hubo ajuste fiscal. Por ejemplo, el mismo Federico Sturzenegger escribió, meses atrás, que el ajuste se inició con el acuerdo con el FMI.

Federico me comentó recientemente que revisó esa posición al estudiar la dinámica año a año del ajuste fiscal. Yo llego a la misma conclusión en un trabajo que publiqué recientemente en Foco Económico (ver acá). En 2017, si se separa la parte del gasto que ajustaba por fórmula previsional, sobre el que no podíamos operar hasta pasar reformas, del resto, observará un fuerte ajuste fiscal. Luego de las elecciones de medio término, cambiamos la formula previsional, lo que produjo en 2018 un ahorro en el gasto real de 0,5% del PIB, y que traería además fuertes ahorros fiscales en la medida que la economía se expandiese. Para estudiar la política fiscal de Cambiemos, es necesario mirar en detalle la dinámica de cada partida. No se puede aprender mucho mirando los números agregados.

Volviendo a la declaración de Macri, ¿a quién cree que le apuntó?

No tengo idea. Creo que Macri hizo una reflexión aislada que reflejó su íntima convicción sobre la necesidad de tener equilibrio fiscal estructural. Convicción que comparto, y que todo su equipo económico comparte. Desde 2017, cuando me sume al Gobierno, puedo decirle que se trabajó para reducir el déficit fiscal lo más rápido posible, dadas las restricciones legales y políticas que existían. El ministro de Hacienda (Nicolás) Dujovne reemplazó Alfonso Prat- Gay, pero también a (Carlos) Melconian. Esa fue una decisión política. Pienso que Macri tiene que rescatar los progresos realizados, que no son pocos.

¿Cómo ve el programa económico del nuevo Gobierno?

Por un lado, las medidas del área de producción me parecen equivocadas. Me recuerdan a Borges cuando decía que los peronistas tenían todo el pasado por delante. Argentina no puede crecer sin integrarse a las cadenas de valor mundial. Por otro lado, inicialmente el ministro Guzmán me sorprendió favorablemente. Sin embargo, su última intervención pública no me convenció. Parecía que buscaba ir a un superávit fiscal en 2020 y alcanzar un acuerdo rápido por la deuda. Ahora no está clara cuál es la estrategia. Veremos cómo sigue esto, pero acá hay una oportunidad histórica, y el que debe liderarla es el presidente (Alberto) Fernández. Si avanza en un acuerdo “a la uruguaya”, y vuelve a darle impulso a Vaca Muerta y a la integración al mundo, con los matices que políticamente necesite, tendremos una continuidad de políticas inédita. La falta de ella siempre fue nuestro Talón de Aquiles.

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