Entrevista realizada por Daniel Sticco para Infobae. 18 de Julio de 2021.

Cerró el segundo trimestre con una caída del PBI estimada por el REM del BCRA en torno a 2,5%, en contraste con el aumento del orden de 0,3% que arrojaba esa medición a comienzos del año, y se proyecta una modesta recuperación de 0,5% en cada uno de los próximos trimestres. Aun así, la previsión para todo el año es un aumento de 6,3%. ¿A la distancia, qué lectura hace de esas previsiones?

Argentina es un país difícil de predecir, incluso en el muy corto plazo. Siempre recuerdo que el REM, en abril de 2018, proyectaba un crecimiento de 2.5% para 2018 y 3% para 2019 y finalmente la economía se contrajo 2.6% y 2%, respectivamente. Claramente, un crecimiento de 6.3% en 2021 es decepcionante dado que el arrastre estadístico para este año es de 7.5%. Por lo tanto, este año, la economía caerá con respecto al nivel que tenía a fines del año pasado.

A más de un año de la irrupción de la pandemia en la Argentina no sólo se ha deteriorado la economía y la realidad social, sino también el clima educativo ¿Qué análisis hace de las medidas que tomó el Gobierno en ese período y de su insistencia con medidas similares, pese a que los resultados son sustancialmente peores a los observados en esos tres frentes en la mayor parte del resto del mundo?

El gobierno nacional fracasó rotundamente en el manejo de la pandemia. En 2020, abusó de la cuarentena, generando una depresión económica, con una caída de 10% en el PBI, fuerte contracción en el empleo, que aun hoy no se ha recuperado, y un salto alarmante en las tasas de indigencia y pobreza. La economía chilena, en contraste, se contrajo 6% en 2020 y crecerá arriba de 6% este año.

Igualmente, esas restricciones excesivas no fueron exitosas. La cantidad de muertes totales por COVID (por millón de habitantes) fueron, hasta abril de este año similares a las de Chile, que tuvo que enfrentar la pandemia con un sistema de salud mucho peor que el que posee Argentina. Lo mejor que podía hacer cualquier país en 2020 era desarrollar un sistema efectivo de testeo, rastreo y aislamiento y el gobierno argentino no lo hizo. Además, había que diversificar ampliamente la compra de vacunas, y nuevamente, el gobierno nacional apostó todo a su relación con Hugo Sigman (Astrazeneca) y Putin a pesar de que se sabía había problemas para producir la segunda dosis de la vacuna Sputnik V. Dejaron pasar la posibilidad de comprar 15 millones de dosis de la vacuna de Pfizer y otros 25 millones de dosis del fondo COVAX. Los resultados están a la vista. Recién ahora se está vacunando a buen ritmo, pero aun se tiene mucha incertidumbre sobre que pasara con aquellos ciudadanos que recibieron la primera dosis de la vacuna rusa. Chile diversificó mejor sus contratos, vacunó mucho más que Argentina, y hasta el día de hoy, no tuvo una segunda ola (en términos de muertes), mientras que nosotros sí. Hoy, lamentablemente, Argentina tiene 400 muertes más por millón de habitantes que Chile. Ello representa un exceso de mortalidad de 18.000 casos.

Además, el gobierno nacional se ensañó con el sistema escolar, generando un costo social elevado también en los menores de edad, que son el grupo menos vulnerable al coronavirus. Finalmente, han violentado las libertades individuales de una forma que la sociedad no debió haber tolerado. Necesitamos mucha más acción colectiva para enfrentar el exceso de coerción estatal.

Con ese escenario, ¿qué opina de la política exterior argentina, en particular en lo que respecta a la relación con el mayor socio comercial, Brasil?

Lamentablemente, la política exterior del gobierno también es un desastre. El gobierno nacional esta defendiendo gobiernos que violan derechos humanos, como los de Venezuela y Nicaragua, y sus aliados estratégicos son autocracias. Argentina necesita amistad y comercio con todos los países, así como también defender la libertad y los derechos humanos en el mundo. Lo contrario de lo que hacemos. Respecto al Mercosur, el gobierno no tiene otra estrategia que no sea la de la confrontación ideológica. Eso es lo opuesto a una buena política exterior. Es una pena pues la política exterior del presidente Macri fue excelente, siguiendo los principios que le enuncie anteriormente. Pero nuestro péndulo es así. Dos pasos para adelante, diez pasos para atrás.

El Gobierno decidió estatizar por decreto la hidrovía del Paraná, hasta quién resulte adjudicado el ganador de la licitación de la vía navegable. ¿Qué efecto cabe esperar sobre el comercio exterior, en particular frente a la peor bajante en 130 años?

Veremos cómo sigue esta cuestión. Esperemos que una vez que haya un nuevo adjudicatario el Estado abandone su innecesaria intromisión. En ese caso, no creo que el comercio exterior sufra demasiado. Ahora bien, si por el contrario, el Estado avanza sobre el manejo de la hidrovía, directa o indirectamente, perderemos competitividad. Igual que en el modelo De Vido, lo que le interesa al gobierno es el manejo de la caja. La corrupción le ha hecho mucho daño al país, y esta florece cuando no hay división efectiva de poderes y crece el tamaño del Estado.

Frente a la menor actividad económica respecto de la esperada a más de 15 meses de la irrupción de la pandemia; de la creciente desmonetización de la economía, y del avance de la vacunación contra el covid-19 a un ritmo notablemente más bajo al anunciado ¿Cree que la principal preocupación del ministro Martín Guzmán debiera ser que el FMI reduzca la tasa de interés por la deuda contraída por los países miembros con dificultades de balance de pagos?

La principal preocupación del ministro debe ser tener un programa económico consistente, algo que anunció muchas veces pero nunca logró desarrollar. Ahora bien, es claro que su rol en el gobierno ha sido limitado al de un secretario de Finanzas, y, seguramente, es a través de ese acuerdo que piensa que puede impulsar mayor racionalidad a la política económica. Veremos que logra. Ha tenido mucha suerte pues el FMI decidió ampliar la liquidez mundial y Argentina recibirá un monto cuantioso de Derechos Especiales de Giro (DEG).

Los desequilibrios macroeconómicos son grandes y crecientes. Cada día estamos más lejos de ese programa consistente del que tanto se habló durante los primeros meses de gestión. El ajuste fiscal que se dio en el primer semestre de este año estuvo basado en la baja de salarios y jubilaciones reales, además del aumento de la recaudación por el rebote del nivel de actividad y la suba en el precio de los commodities. Esto último fue un alivio fiscal que le permitió al gobierno mantener la brecha cambiaria estable unos meses pero ya se agotó. Fíjese que en lugar de estar trabajando en un programa de reformas estructurales que permitan un ajuste fiscal sostenible, el ministro está recibiendo fuertes presiones para que no use los DEG que proveerá el FMI para cumplir con los vencimientos que se aproximan con ese organismo. Así que el ministro Guzmán, creo, más que estar tratando de llegar a un acuerdo con el FMI, está viendo si logra evitar un default con ese organismo mientras espera que el viento político sople favorablemente después de las elecciones.

Las elecciones de medio término se plantean como una oportunidad del lado del Gobierno para poder avanzar en un cambio institucional, con más Estado y menos autonomía del sector privado; mientras que desde la mayor coalición de oposición como el momento de volver a la “institucionalidad”, el respeto de la división de poder y apertura de la economía y de las relaciones internacionales. ¿Cuál es su mirada desde Maryland, ve riesgos de amenaza de la institucionalidad?

Por supuesto que sí. Antes de las PASO de 2019 señalé que en las elecciones de ese año se ponía en juego la democracia constitucional en el país y lamentablemente no me equivoqué. Si el gobierno gana las elecciones, aumentará sus canches de controlar la justicia, que es lo que más le importa a la vicepresidenta. También avanzaran sobre el sector privado, cobrándole aun mayores impuestos y expropiando derechos de propiedad en sectores con flujo de caja importantes. Por esto, es muy importante que Juntos por el Cambio gane la elección. Ahora bien, ¿Qué significa ganar la elección? Aumentar el numero de legisladores en ambas cámaras.

¿Qué lectura hace desde el exterior sobre las internas en Cambiemos y su contraste con la estrategia del oficialismo?

Mi lectura es que Horacio Rodríguez Larreta midió sus cartas y apostó a consolidar su proyecto presidencial para 2023 manteniendo dentro del mismo a Vidal, a quien le quedaría el trabajo de retener el gobierno de CABA. Esto implicó descabezar la lista de legisladores de la Provincia de Buenos Aires, y como Larreta sabe qua una derrota allí puede ser un traspié para la consolidación de su proyecto, mandó a Santilli a competir en la Provincia de Buenos Aires.

En el Frente de Todos, la vicepresidenta es quien arma las listas, y, por tanto, habrá que esperar hasta último momento para conocer su estrategia. Sin dudas, la situación es mucho más saludable en Juntos por el Cambio. Siempre lo es.

Volviendo al camino hacia 2023 que debe recorrer Juntos por el Cambio, es importante pensar la política en dos ejes: Liberalismo político y económico. La primera dimensión une al electorado de Juntos por el Cambio, pero este es heterogéneo en la segunda dimensión. Teniendo esto en cuenta, hace más de un año que abogo por la incorporación de López Murphy a Juntos por el Cambio.

¿Una reflexión final?

Es imprescindible llegar con un programa económico consistente en 2023 que además sea políticamente viable. Ello no ocurrió en 2015. Un riesgo que veo allí es que el mismo se desarrolle partiendo de un diagnostico equivocado. Se exageran los errores del gobierno del presidente Macri y también se exagera la capacidad de resolver los problemas simplemente sumando dirigentes.

 

(*) Abreviada y editada.