Reportaje realizado por Jorge Fontevecchia el 16 de septiembre de 2020 para el programa Periodismo Puro. (*)

JF: Fuiste viceministro de Hacienda de Nicolás Dujovne hasta 2018. Vos renunciaste y él siguió un año más. ¿Tuvo algo que ver el nuevo estilo de relación con el Fondo Monetario Internacional que se dio en ese momento?

SG: No, no tuvo nada que ver. Vivo en Estados Unidos, tengo dos hijos chicos que nacieron allí. Un día hacia fines de diciembre me llamó Dujovne, a quien conocía de la universidad y me pidió que fuese a ayudarlo con la reforma tributaria y con otras cuestiones técnicas de su gestión. Me comprometí a ir por un año. Llegando a fines de octubre de 2017, no era claro cuándo se iban a aprobar las reformas tributaria y previsional en las que había trabajado. Acepté quedarme unos meses más. Mi salida se anunció a la prensa en abril de 2018, antes de que empiece la reversión de capitales de los mercados emergentes. La verdad, me hubiese gustado quedarme hasta el fin del mandato del Presidente Macri. De hecho, contrario a la hipótesis mencionada, en septiembre, cuando Guido Sandleris pasó al Banco Central, el ministro Dujovne me invitó a volver al mismo cargo que había ocupado. Intenté regresar, pero la universidad no me dio permiso, porque ya había agotado el tiempo de licencia permitido. Debía pasar un año entero para que pudiese volver. Esto puede parecer extraño dado que me había vuelto a Estados Unidos por motivos familiares. Cuando se anunció mi salida no se había desatado la crisis cambiaria aún, en septiembre cuando intento volver, la situación era delicada. Desde ese entonces, me dedique a apoyar fuertemente al gobierno y al equipo económico desde los medios de comunicación.

JF: Sobre lo sucedido en ese agosto dijiste que fue un over-shooting. “No se necesitaba esa devolución real, pero luego la política monetaria tendió a convalidar ese salto nominal e ir subiendo las bandas cambiarias a 2% por mes”. ¿Podríamos decir que 2018 fue el año en que desbarrancó el proyecto económico de Mauricio Macri?

SG: El gobierno del Presidente Macri tenía un horizonte claro, pero heredó una situación económica muy difícil. Hizo muchas cosas bien. También tuvo, como cualquier gobierno, ciertos errores y ciertas desavenencias dentro del equipo. Argentina está siempre en la cornisa, el Estado está siempre al borde de la insolvencia. Entonces, los errores son mucho más costosos. El gobierno de Macri heredó una situación en 2015 que podía terminar en una crisis. Hay muchos economistas que coinciden con este análisis. En 2016, cuando no sabía aún que iba a ir al gobierno, escribí una nota en la que decía «lo que heredó Macri es muy difícil de resolver, incluso en cuatro años. Ojalá el electorado tenga la paciencia necesaria para darle el tiempo que requiere» (ver acá).

JF: Dijiste que «es una herencia similar a la que recibió en su momento Celestino Rodrigo y llevó al Rodrigazo».

SG: Sí, y es una situación similar a la que se está incubando ahora en la Argentina. Y ahora, como Celestino Rodrígo en su momento, pienso que se va a manejar la situación mucho peor que como lo hizo el gobierno del Presidente Macri. El gobierno del Presidente Macri manejó mucho mejor la situación que los gobiernos peronistas. Ese tipo de crisis las genera el peronismo. No fue Cambiemos el que generó el desequilibrio macroeconómico.

JF: Dijiste que el 2016 no solo no fue un año de ajuste fiscal duro, sino que fue un año donde se tomaron algunas medidas que no eran necesarias o prioritarias. Y mencionaste concretamente «que se comprometieron recursos fiscales futuros haciendo más difícil la trayectoria del equilibrio fiscal. La baja de impuestos a las ganancias personales fue significativa y no era necesaria (…). Fue una falla en la priorización de las políticas durante el primer año de gobierno y hubiese sido mejor tener un ministro de economía fuerte, dado que la herencia económica era muy delicada».

SG: No se aumentó el déficit fiscal. Dentro del gradualismo, no se hizo todo el ajuste que hubiese sido ideal en 2016. Hay que mirar el déficit fiscal consolidado que heredó el gobierno del Presidente Macri. Consolidando Nación y Provincias, pues esa es la única manera en que tiene sentido mirarlo debido a que antes de que asuma Macri hubo un fallo de la Corte Suprema que transfirió recursos de la Nación a las provincias. A ese déficit el gobierno de Cambiemos lo bajó todos los años. Lo que escribí forma parte de un artículo extenso sobre la trayectoria fiscal del gobierno de Cambiemos y allí digo que hubo medidas que no se deberían haber tomado en 2016 (ver acá).

JF: En agosto de 2018 el ex ministro de Finanzas Luis Caputo decidió dejar la presidencia del Banco Central después de un puñado de semanas, y de además, haber sido el autor de casi toda la deuda privada que se generó durante la presidencia de Macri. ¿Fue una buena señal que un presidente de Banco Central dure tan poco?

SG: Una aclaración: me fui en junio del gobierno. En abril de 2018 se anunció que saldría en agosto, pero una vez que se empezó la negociación con el Fondo, no tenía sentido que yo la lidere, porque iba a ser una relación de largo plazo y a mí me quedaban pocos meses de gestión. En junio se designa a Dujovne Coordinador del gabinete económico. Ahí acordamos con el ministro que deje mi cargo, para que la persona que tomase mi lugar se abocase a esa tarea de coordinación desde el comienzo. Entonces, mientras Caputo estuvo en el Banco Central, yo ya me había ido del gobierno.

JF: ¿Qué reflexionabas en ese contexto desde Maryland?

SG: Argentina se había quedado sin financiamiento. Al ir al Fondo, lo resolvió. Pero el Fondo tiene sus requerimientos y restricciones. Eso genera una solución de compromiso, que nunca es ideal. La política monetaria es el área sobre la que el Fondo tuvo menos comprensión de lo que necesitaba Argentina, especialmente en una elección presidencial. En Argentina, un cambio de gobierno define muchísimas cosas y ello genera mucha incertidumbre y elevada volatilidad nominal. Hubiera sido necesario que el Banco Central tuviese mayor flexibilidad.

JF: ¿Modificar el método de metas de inflación y pasar a emisión cero fue parte de esa incomprensión del Fondo Monetario?

SG: Una vez que la inflación se volvió a disparar, no se podía continuar con las metas de inflación. Estuve de acuerdo con el mensaje que dio el presidente del Banco Central, Guido Sandleris. En ese momento se abandonaban las metas, pero eso no implicaba que Argentina no fuese en el futuro a volver a adoptar un programa de metas de inflación, una vez que estas pudiesen ser efectivas y consistentes con la política fiscal y monetaria. Algo muy bueno del acuerdo con el Fondo era el paquete fiscal que permitiría alcanzar el equilibrio presupuestario primario. En ese contexto se hicieron subas de tarifas, que pusieron presión inflacionaria. Sin embargo, también se puso el tipo de cambio a subir en un contexto en el que ya había habido una fuerte devaluación. Eso puso una presión adicional a la tasa de inflación, que hizo que esta se demore más en bajar.

JF: ¿Tiene razón el neokeynesianismo o el kirchnerismo respecto de que la inflación no es solamente un fenómeno monetario?

SG: Si uno toma un período de un año o dos, ve que la inflación tiene un correlato con el crecimiento de la cantidad de dinero. Los procesos de alta inflación siempre tienen por detrás emisión monetaria elevada para financiar el déficit fiscal. La discusión más importante es por qué tenemos déficit fiscal crónico y necesitamos financiarlo con emisión. Si se lee a Daniel Heymann, que es coautor y amigo mío, y que escribió un libro sobre inflación y que dedicó gran parte de su carrera a estudiar la inflación alta, veremos que en cualquier teoría que trate de explicar la inflación, esto es, un proceso de pérdida de valor la moneda, no puede no tener un rol último la demanda y oferta de dinero. La pregunta relevante es por qué esta sociedad no puede tener un presupuesto equilibrado. Allí hay un proceso de puja de distributiva que se refleja en el Presupuesto, entre otras causas.

JF: Las previsiones de inflación en la Argentina para 2020 y 2021 son similares: poco más del 40%, similares al último año de Mauricio Macri. ¿Se podría decir que una inflación alta es una forma de transferencia de ingresos de los sectores medios a los sectores bajos en esa puja distributiva que causa la inflación?

SG: Este año, dado que el gobierno suspendió la fórmula de ajuste de la AUH y de las jubilaciones y pensiones, que estaban protegidas de la inflación, éstas se están licuando fuertemente, perjudicando a hogares de bajos ingresos. Casi todos los países subsidian a la población de bajos ingresos, y no por ello tienen inflación crónica. La inflación crónica en Argentina es resultado de un elevado déficit fiscal crónico, que tiene entre sus causas una fuerte puja distributiva, que es multidimensional. Entre sectores, regiones, y por nivel de ingreso.

En cualquier caso, no reduciría la AUH. Me parece una buena política. El dinero es fungible. Lo que debe observarse es dónde están las ineficiencias en el desmesurado tamaño del Estado. No podemos financiar este tamaño del Estado. El descalabro del Estado argentino se dio en los anteriores gobiernos kirchneristas, entre el periodo 2003 y 2015. El tamaño del Estado pasó de 25 puntos del producto a 42, antes de pagar los intereses de la deuda. Había un Estado y es como si le pusieran otro al lado. Se subió la presión tributaria casi 11 puntos del producto, pero como el tamaño del estado creció aún más, terminaron en un déficit consolidado nación/provincias de 8 puntos del producto.

JF: ¿Ese descalabro dónde va?

SG: De esos 17 puntos del PBI que subió el gasto primario, 5 puntos se van a la masa salarial, 3,5 se dan en las provincias y municipios y 1,5 en el estado nacional. Allí hay un exceso de empleo público que hay que reducir. Pero ello se da mayormente en los gobiernos subnacionales. Segundo, hay un incremento muy fuerte en el gasto previsional, asociado a las moratorias y a que se recuperó el valor real de las jubilaciones que había sido licuado fuertemente a la salida de la Convertibilidad. Gran parte del ajuste de Eduardo Duhalde fue licuar jubilaciones. Por ello es esencial hacer una reforma previsional. Yo trabaje en un proyecto muy detallado de reforma durante el año 2019 y conozco bien el tema. Hay un problema estructural en el sistema previsional y su reforma requiere un acuerdo entre los grandes partidos para llevarla a cabo. El gobierno de Cambiemos no tuvo capacidad política de hacerla. Hay otros 5 puntos en subsidios a servicios públicos resultado de congelar las tarifas durante todo el gobierno kirchnerista. Esto último fue un subsidio que iba más a los ricos y clase media que a los pobres. 5 puntos del producto durante varios años es muchísimo dinero. En el 2015, 5 puntos del producto eran casi 30 mil millones de dólares. Con 30 mil millones de dólares se urbanizaban todos los asentamientos informales existentes (ver acá).

JF: ¿Endeudarse en dólares, en pesos, en Leliqs, en Lebacs, es también imprimir dinero futuro? —

SG: Imaginemos dos escenarios diferentes. En el primero, uno tiene un déficit muy alto, lo va a mantener en el tiempo y lo financia tomando deuda. Así, algún día se quedará sin financiamiento y deberá monetizar al menos parte de la deuda que tomó. Eso no es una buena estrategia. No es lo que hizo Cambiemos. Cambiemos llegó, heredó un déficit de 8 puntos del producto que no se podía ajustar en un año y se puso a ajustarlo. Podemos discutir si en 2016 fue todo lo rápido que se necesitaba, pero se puso a hacerlo. Es el único gobierno en la historia argentina que bajó el déficit todos los años y bajó el gasto público primario 7 puntos del producto. Son logros fiscales importantes, pero tienen costos políticos. Sin embargo, no se podía seguir con ese nivel de gasto público. La política de Cambiemos no era endeudarse y monetizar la deuda en el futuro. Era tomar deuda por unos años, partiendo de un nivel bajo de endeudamiento en relación al producto. Como se iría bajando el déficit y la economía crecería, finalmente se convergería a una situación en la que sería innecesario continuar incrementando la relación deuda-producto. Si no se hubiesen dado los shocks que se dieron tan temprano para el gobierno del Presidente Macri, ello es lo que habría sucedido. Si uno mira antes de la sequía, incluso durante la sequía, las proyecciones de todos los consultores sobre inflación y crecimiento lo corroboran. Todo el mundo predecía 3% de crecimiento para 2018 y 2019. Todos predecían que la inflación iba a ser más baja en el 18 y más baja todavía en el 19. Si bien existía el riesgo de una crisis, nadie pensaba, digamos, por decir algo, en febrero de 2018, que ocurriría ese mismo año.

JF: ¿Por qué ocurrió? ¿En 2018 lo que el mercado vio no es la sequía, no es el aumento de tasas en Estados Unidos, sino que Macri no tenía la capacidad de producir las reformas ni tampoco el gobierno que lo sucedería?

SG: La reforma salió. Sí, hubo un ataque, en mi opinión antidemocrático, para evitar que ocurra, pero la reforma fue aprobada (ver acá). Después de la reforma, incluso después del 28D, el ministro de Finanzas, colocó 9 mil millones de dólares de deuda sin problema. Creo que lo que pasó fue que hubo un conjunto de shocks en una economía frágil que estaba haciendo su ajuste y que necesitaba todavía financiamiento externo de forma de poder sostener su política monetaria y fiscal. En ese contexto, hubo una sequía que terminó pegándole más de un punto al producto y una salida de capitales muy fuerte, que no se dio sólo en Argentina: se dio en Brasil, México, Turquía y otros países emergentes. Argentina no estaba asegurada contra ese shock, porque había heredado del gobierno anterior un descalabro macroeconómico. Para asegurarse, tendría que haber hecho buena parte del ajuste en los dos primeros años y eso políticamente no hubiese sido viable. Llegué al Gobierno el 4 de enero del 17. Fue un buen año: la economía creció, la inflación bajó, la pobreza alcanzo el mínimo de la serie y el gobierno ganó las elecciones. Se pedía que el gobierno gane las elecciones de medio término, porque había ganado el balotaje sólo por dos puntos. Se notaba la voluntad de cambio, pero no se sabía cuán robusta era electoralmente. Por tanto, había una demanda muy grande de un triunfo contundente. Fue muy importante como señal esa elección de medio término en la que el gobierno le gana a Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Cuando eso ocurrió, parecía que se abrían seis años para el gobierno de Cambiemos y un horizonte temporal, que es lo que no tiene Argentina hace mucho tiempo. Si Argentina lograse tener 8 ó 10, 12 años de horizonte temporal de una economía manejada racionalmente, el país tendría un potencial de crecimiento enorme. Ello se empezó a ver en el último trimestre del 17 y el primer trimestre de 2018. Fueron muy buenos trimestres en materia económica. Después vinieron los shocks, pero no me parece que estuviesen relacionados con lo que pasó con la reforma previsional (ver acá y acá).

JF: ¿La pandemia que le tocó a Alberto Fernández es una bomba atómica comparada con la sequía del 2018?

Es un shock mundial, mientras que las sequías son fenómenos locales, aunque sean fuertes. La sequía de 2018 fue la peor en 50 años y se dio en combinación con la salida de capitales. En el año 2009, durante la presidencia de Cristina de Kirchner, hubo una sequía no tan fuerte como la de 2018 y salida de capitales por la crisis financiera internacional. En ese contexto hubo una caída del producto muy fuerte. El mismo ex presidente Néstor Kirchner perdió la elección legislativa en la provincia de Buenos Aires contra Francisco De Nárvaez, alguien que desapareció de la política. Eso muestra la fuerza de ese tipo de combinación de shocks que tuvimos en el año 2009 y en el año 2018. No deben minimizarse. La pandemia es un shock muy fuerte para la Argentina, y para todos los países. La cuestión es que tomó al país en una situación de debilidad, como pasó en 2018. A cualquier gobierno que le hubiese tocado la pandemia hubiera tenido un déficit fiscal mayor y se le hubiera complicado el manejo de la economía. Pero el manejo que hizo el gobierno de la pandemia agravó la economía y tampoco trajo buenos resultados sanitarios. Eso es responsabilidad del gobierno.

JF: ¿Cuál es tu balance respecto de la táctica que utilizó la Argentina para combatir la pandemia?

SG: Fue una táctica mala. Lo primero que debió hacer el gobierno fue escuchar a quienes le advertían sobre la gravedad de lo que se venía. El ex embajador en China, Diego Guelar, trató de hacerlo. Si el gobierno paraba esto en Ezeiza en febrero, hubiese logrado una trayectoria mucho más benigna de la pandemia en el país. Tenemos el ejemplo de Taiwán que hizo precisamente eso. En febrero, el embajador de Taiwán se reunió con las autoridades del ministerio de Salud para advertirles de lo que estaba pasando y cuál era la estrategia que recomendaban y no se hizo lugar a sus consejos. En marzo todavía discutíamos qué hacer. Una vez que entra el virus, lo que el gobierno puede hacer es tener una estrategia de mucho testeo, seguimiento y tratar de aislar a las personas contagiadas. Ello puede funcionar cuando los niveles de circulación del virus son bajos (ver acá). La otra estrategia que podía ser interesante era la de aislar a los grupos más vulnerables, pero ello se abordó mal y fue dejado de lado rápidamente. Argentina testeó muy poco comparada con otros países, tuvo una cuarentena muy extensa, va a tener una caída del producto mucho mayor que otros países y en términos de cantidad de muertes por habitante, al día de hoy, no le fue bien.

JF: Veamos los datos del próximo presupuesto. Comparemos las proyecciones de 2020 a 2021. Inflación de 32% a 29%; dólar oficial, de 81 a 102; caída de producto bruto de -12% a subida de producto bruto 5,5%; déficit de -8% a -4,5%; aumento de la inversión de 18%; de las exportaciones 10%; de las importaciones 16%, que modifica el saldo comercial de 17 mil millones positivo a 15 mil millones positivo. ¿En qué coincidís de todo eso?

SG: Creo que si el gobierno puede controlar el mercado cambiario y no se le dispara la inflación, puede tener un rebote, como está ocurriendo en otros países. En estos días, Estados Unidos ajustó la caída estimada de su producto de 6% a 3,7% para este año. Puede haber un rebote, aunque no me animo a decir de cuánto exactamente. Pero repito, para ello, el gobierno necesita controlar el mercado cambiario y que no se le dispare la inflación. Si se le dispara la inflación, volvemos a tener una licuación de los ingresos de los trabajadores, de los jubilados, de las AUH, y todo ello pegará fuerte en la demanda agregada. La única forma de contrarrestar ese shock es con crecimiento de las exportaciones, pero el gobierno tiene una política cambiaria y tributaria que no incentiva el crecimiento de las exportaciones. Es clave ver cómo el gobierno manejará la crisis cambiaria que hoy atraviesa. Reforzar el cepo no les dará la posibilidad de controlarla. Pero si hacen un ajuste brusco, se les disparará la inflación. Tienen que hallar el justo término y por ahora no lo encuentran. Sobre el ajuste fiscal, es muy importante que el Ministerio de Hacienda tenga un control férreo del presupuesto. No basta con mandarlo al Congreso. Hacer un ajuste fiscal requiere estar atrás de los pedidos de nuevo gasto y de los pedidos de excepción impositiva que llegan todos los días. Se debe tener una conducta que permita cumplir con el Presupuesto. La administración Dujovne cumplió sus metas fiscales a lo largo de los tres años; pero fue un trabajo enorme. Me saco el sombrero ante el ministro Dujovne y el secretario de Hacienda, Rodrigo Pena en este sentido.

JF: ¿Cómo puede afectar desde el punto de vista macroeconómico el cepo ampliado, y paralelamente la refinanciación de todas las deudas financieras privadas al permitir pagos solamente del 40%?

SG: Es una transferencia de ingresos de las empresas al Estado. Es siempre lo mismo, un juego de suma cero. Es la medida que más me preocupa de las anunciadas ayer porque Argentina acaba de terminar una renegociación de la deuda pública y ahora está enviando a las empresas privadas a renegociar su deuda. La idea era que la renegociación de la deuda podía servir para que el sector privado tenga acceso a los mercados de capitales y pueda financiar proyectos de inversión. Estas últimas medidas son contradictorias con ese objetivo inicial. Entonces, se pierde toda visión sobre cuál es el programa, cuál es la lógica que lleva de una medida a otra. Finalmente, uno puede tener alguna crítica de la política de Cambiemos, pero se veía una lógica de corto y de largo plazo. No todo lo robusta que uno desearía, pero había una lógica bien elaborada. Hoy ello no se ve.

JF: Lo que decís es que las empresas van a ir a buscar el 60% al dólar libre pero formalmente ese dólar libre no es un mercado formal estructurado. En el próximo año y medio, los vencimientos son de 3000 millones de dólares.

SG: Eso es lo más sorprendente. No es una cifra significativa. Lo que anunciaron fue contradictorio. A mí, en general, me parecen mal las restricciones cambiarias, pero también me parece mal subsidiar el ahorro en moneda extranjera.

JF: ¿Estarías a favor de desdoblar el mercado cambiario y que el dólar ahorro o muchas otras operaciones se hagan directamente al valor de lo que podría ser el contado con liqui o el dólar bolsa?

SG: Sí, pero hay algo importante: discutimos medidas, pero el gran problema de Argentina es saber hacia dónde va. Nadie sabe bien a dónde va y lo que se sospecha no es atractivo. Si no hay cierta certidumbre sobre que se va hacia un Estado solvente, nada va a funcionar. Porque el Estado tiene capacidad coercitiva en la sociedad. Cuando un Estado es insolvente, nadie está a salvo de él. Es muy malo tener un Estado insolvente y nosotros lo tenemos hace décadas. Por eso nos va mal. El Estado, al tener poder coercitivo, saca una circular y te cambia el valor de tu deuda o te pone un nuevo impuesto. Si no nos paramos en una situación en la que el gobierno genera ciertas certidumbres sobre la cuestión fiscal, nada va a funcionar. Para resolver lo fiscal, deben que resolver los conflictos dentro del gobierno. El problema que tenemos hoy es principalmente político.

(*) Abreviada y editada.