Entrevista realizada por Daniel Sticco el 12 de abril y publicada en Infobae el 17 de abril 2022 (*)

_ Cuando lo entrevisté a mediados de 2021 usted dijo: “La Argentina es un país difícil de predecir, incluso en el muy corto plazo” ¿Esperaba una aceleración de la tasa de inflación sin aumentos de tarifas, ni devaluación y con recuperación de la actividad y el empleo respecto de un año antes como se observó desde el inicio del año?

La aceleración inflacionaria era previsible. Aunque hay un contexto internacional inflacionario, la suba de la inflación que estamos viendo este año se explica principalmente por las políticas que implementó el gobierno durante el segundo semestre de 2021 buscando mejorar sus resultados en las elecciones. Poco después del triunfo de Juntos por el Cambio en las PASO, la vicepresidenta Kirchner escribió una carta pública reclamando al ministro de Hacienda que suba el déficit fiscal. Lo que se observó en el segundo semestre de 2021 en términos fiscales y monetarios es realmente impactante. El gasto real, excluyendo los conceptos por COVID, creció 18% promedio contra el mismo periodo del 2020. Como el gobierno no tiene financiamiento externo y no quiso convalidar una tasa más alta en el mercado doméstico, tuvo que recurrir a la emisión para financiar ese déficit. La emisión monetaria en pesos constantes en el segundo semestre de 2021 fue la más alta entre los segundos semestres desde 2003. Las consecuencias inflacionarias de este cóctel no son sorprendentes.

Lo que sorprendió fue el rebote de la economía durante 2022. Durante todo el primer semestre del año pasado, el consenso de mercado (plasmado en el REM) era que en 2021 la economía rebotaría cerca de 6% contra 2020. Durante el segundo semestre, sin embargo, las expectativas se fueron corrigiendo al alza.

_ ¿Por qué cree que se dio ese proceso?

Por la combinación de dos factores: i) el enorme boom de gasto público del segundo semestre que mencioné y ii) una situación externa extraordinaria que permitió financiarlo. Los términos de intercambio (la relación entre el precio de lo que exportamos y lo que importamos) llegó en 2021 a niveles récord. Un dato ilustrativo al respecto: en 2021 el agro liquidó 12 mil millones de dólares más que en 2020 y 10 mil millones más que en 2019. Y sin ser demasiado excéntrico con las interpretaciones se puede decir que el gobierno usó esas divisas para financiar su campaña electoral. Hacia fines del 2021 el BCRA tenía exactamente la misma cantidad de reservas netas que a principios de año y un tercio de las que recibió a fines de 2019, pese a la ráfaga que significó la cosecha a esos precios altos. Esa dificultad para acumular reservas no se explica por los pagos al Fondo: durante 2021, los pagos acumularon el mismo monto que lo que se recibió del reparto internacional de DEGs que hizo el FMI para atenuar los efectos de la pandemia.

_ El secretario de Comercio, Roberto Feletti, en rol de comentarista de la realidad le alertó al ministro Martín Guzmán que “esto se va a poner feo” ¿Qué opina de ese mensaje, pero sobre todo de esa expectativa en el propio seno del gobierno?

Efectivamente, la inflación se ha complicado mucho. Este mes hemos vuelto al régimen de alta inflación que habíamos dejado atrás con el plan de convertibilidad. Es un gran fracaso del equipo económico. La inflación anualizada del primer trimestre es aproximadamente 80%. Con este panorama, con paritarias que se cerrarán en el orden del 55-60% y revisiones cada vez más cortas, con subas interanuales de las tarifas promedio cercanas al 60% y con un tipo de cambio nominal que ya está subiendo también a un ritmo anualizado de 60%, la inflación interanual de 2022 va a cerrar arriba del 60%. Alcanzará el valor más alto desde 1991.

_ ¿Cómo se combate a la inflación, cuando el consenso de los economistas alerta sobre el atraso del tipo de cambio real, las tarifas, y el inquietante cuadro social que reflejan los indicadores de pobreza e indigencia?

La única forma de bajar la inflación sostenidamente es bajando el déficit fiscal del sector público financiero, esto es, el déficit financiero del gobierno más el déficit cuasi fiscal. Este año, dado que la tasa de interés es negativa y además hay cepo, la cuenta de intereses del tesoro es baja, pero aun así el déficit total no bajará de aproximadamente 7 puntos del PBI. Con ese déficit, no hay forma de bajar la inflación.

Parece poco probable que este gobierno pueda encarar un programa de estabilización. Si estuviera dispuesto a hacerlo, lo habría sumado al acuerdo con el FMI para ganar credibilidad. Lo mejor que podemos esperar es que no se les espiralice la inflación y la mantengan entre 60-80% por año.

El gobierno tiene instrumentos para atender a los más pobres: la AUH y la PUAN. Es cuestión que restructure sus otros programas asistenciales, de los que viven los gerentes de la pobreza, reduzca los subsidios energéticos, y use mejor esos fondos para asistir a los más pobres en este contexto de altísima inflación.

_ ¿Cómo explica que pese a ese escenario se haya achicado la brecha cambiaria en más de 30 puntos porcentuales, en particular cuando la directora gerente del FMI alertó sobre los “riesgos excepcionalmente altos” de incumplimiento del acuerdo que firmó con el gobierno nacional?

La brecha se puede entender como el resultado de dos componentes relativamente independientes: el dólar oficial y el dólar paralelo. En este régimen, el dólar oficial depende de una decisión administrativa del Banco Central. El dólar paralelo, en cambio, es el resultado de la oferta y demanda de pesos (ya que el tipo de cambio libre no es otra cosa que la inversa del precio en dólares de nuestra moneda). Cuanto mayor sea la demanda o menor sea la oferta de pesos, más barato será el dólar libre.

Para entender la baja actual de la brecha hay que entender qué pasó en 2021. Durante los primeros tres o cuatro meses, el déficit fiscal estaba relativamente contenido y el BCRA acumulaba reservas por la cosecha extraordinaria. El dólar oficial subía por arriba o en línea con la inflación. Esas fueron percibidas por la gente como señales de una macroeconomía relativamente controlada. La brecha venía cayendo desde el pico de octubre de 2020 y llegó a cerca de 50% en abril. Pero luego, especialmente desde el segundo semestre, pasaron dos cosas: primero el gobierno empezó a atrasar el tipo de cambio oficial. Además, el gobierno desplegó el boom de gasto público financiado con emisión que ya comentamos. Todo esto son más pesos hoy y más pesos esperados para el futuro, lo cual hace subir el dólar paralelo. O sea: dólar oficial contenido, dólar libre que explota por el boom de gasto, mayor brecha.

Vamos a 2022 ahora. Hacia enero de 2022 el mercado empezó a considerar como una posibilidad fehaciente que el gobierno pateara el tablero con el FMI y adopte una política acorde a esa decisión: más gasto y más emisión. Con ello, la brecha llegó a un récord. El arreglo con el FMI tuvo el efecto contrario. Desde el día que se anunció el preacuerdo a fines de enero, la brecha no paró de caer hasta llegar al 70% actual. La razón principal de esta caída es que la gente percibe que el acuerdo con el FMI limita la capacidad del gobierno de hacer política fiscal expansiva financiada con emisión monetaria, el principal combustible de la brecha. Además, se agregan dos cosas: la primera es que el gobierno viene subiendo el ritmo de devaluación. Ya no está en el 15% de 2021 sino en 60%. La segunda es el alivio que implicó el acuerdo sobre las reservas del BCRA (que recibieron un refuerzo de unos 4.500 millones de dólares), lo que sirve para reducir la incertidumbre en el margen. Dicho esto, con los nuevos precios de la energía y los pocos dólares que está comprando el BCRA en comparación al año pasado, no sorprendería que la situación financiera vuelva a complicarse y la brecha suba.

_ ¿Qué lectura hace de los indicadores oficiales que por un lado muestran aceleración de la inflación, y por el otro la firmeza de la recuperación de la actividad económica, al menos de la construcción y la industria, pese al malestar que manifiestan diversos sectores por la falta de insumos importados?

Usando datos del EMAE, el arrastre para 2022 con la caída de enero de este año está en 3.3%. El mercado esta estimando un crecimiento de 3% para este año, apenas por debajo del arrastre estadístico. Por lo tanto, en 2022, el PBI per cápita caería al menos 1% respecto a 2019. Más estructuralmente, la tasa de inversión no es alta (20%). Con este nivel de inversión es difícil crecer sostenidamente muy por arriba de 2% per cápita por año.

_ De cara a 2023, ¿La Argentina necesita un cambio de régimen monetario y reformas estructurales de fondo, o simplemente que la política entienda la importancia de no negar las leyes de la economía: equilibrio fiscal, monetario y cambiario; para poder ingresar a un sendero de crecimiento, empleo y eliminación de la pobreza?

Hace tiempo que vengo sosteniendo que Argentina necesita una revolución capitalista. Ordenar la macroeconomía es solamente un primer paso para sacar la cabeza de abajo del agua, y de lograrlo, algo de por sí difícil, ello podría impulsar unos años de crecimiento económico. Pero ello, por sí solo, no nos permitirá recuperar nuestro gran atraso económico ni bajar sustancialmente la pobreza.

Con cepo cambiario y estos impuestos no es posible atraer inversiones en los niveles que necesitamos para crecer sostenidamente, y tampoco integrarnos al mundo. Lamentablemente, el equipo económico que tenemos ahora destruyó las reformas fiscales de 2017, las cuales eran muy importantes para estimular la inversión y el empleo. Lo mismo ocurre con las regulaciones laborales vetustas que tenemos. Necesitamos reformas de fondo.

También necesitamos una reforma previsional de fondo y volver a cambiar la fórmula de movilidad previsional. Sin una reforma previsional de fondo, será imposible alcanzar sostenidamente el nivel de superávit fiscal estructural que necesitamos. En mi opinión, hay que ir a una regla de superávit fiscal estructural y Banco Central independiente.

También es fundamental proveer un marco institucional que nos permita explotar nuestra riqueza energética. Los incentivos tienen que estar en las reglas y no en decisiones arbitrarias en manos del ministro de energía. Todas estas reformas deben ser percibidas como sostenibles en el tiempo. Caso contrario, no generarán el boom de inversiones que necesitamos para crecer sostenidamente y bajar la pobreza.

También debemos reformar nuestro federalismo fiscal para evitar que los estados subnacionales sigan despilfarrando recursos. Finalmente, es imprescindible reformar el sistema judicial. Sin un sistema judicial eficiente e imparcial, los derechos de propiedad no son óptimos, y por tanto, la riqueza no es maximizada. Para el mediano plazo, debemos mejorar el sistema educativo y de salud. Esto mejorará el capital humano de los trabajadores en el futuro.

_ ¿Una reflexión final?

La única forma de hacer todas estas reformas es con fuerte apoyo de la sociedad. Si la sociedad no entiende que el pobrismo Kirchnerista y el populismo nos han destruido, y que es imprescindible cambiar, seguiremos cayendo. Todavía podemos caer bastante, como lo hizo Venezuela, por ejemplo. Ese apoyo de la sociedad, desde ya, se tiene que trasladar a un apoyo legislativo a este programa de reformas.

 

(*) Abreviada y editada.